A la mañana siguiente me desperté de un sobresalto, no reconocía el dormitorio en el que estaba. Cuando los vapores del alcohol se disiparon pude reconocer la habitación de Suzanne. Ella no estaba a mi lado, así que me levanté, me vestí y salí al pasillo. Al oír ruido Suzanne se asomó por la puerta abierta de la cocina.
- ¿Ya estás despierto?, pasa y te pongo el desayuno.
Me senté a la mesa de la cocina, ella se acercó y tiernamente depositó un beso sobre mis labios, me puso una taza delante y la llenó de café. Yo seguía algo aturdido, así que no quise comprender lo que pasaba. Tenía algunos recuerdos de la noche anterior y eso me hacía tener remordimientos. Aunque al ver como se comportaba ella conmigo, vi que Suzanne no tenía el más mínimo. Me tomé el desayuno, me despedí de ella y subí a mi habitación.
Estuve un largo rato bajo la ducha, eso sumado a lo tarde que me había despertado hacía que la mañana estuviera muy avanzada. El día estaba perdido, así que bajé y llamé a la puerta de mi anfitriona.
- Paul, ¿quieres algo?
- Me debes una visita a la ciudad.
- Tienes razón, vamos.
El día que pasé con Suzanne fue muy divertido. Parecíamos quinceañeros saliendo juntos por primera vez. Me enseñó los cuatro rincones de la ciudad y me quedé encantado. Comimos en la terraza soleada de un restaurante antes de volver al hotel. Después, la dejé ante su puerta y me fui al garaje para revisar y poner en orden la moto y estudiar el mapa de carreteras con vistas al día siguiente
Entré al hotel, cogí mi llave y subí los escalones de tres en tres sin mirar atrás. Apenas habían pasado unos minutos que llamaban a la puerta.
- Soy yo, ¿no quieres saber nada de mí?
- Sí, pasa Suzanne – le dije abriendo la puerta para dejarla entrar.
Ella se coló en mi habitación y se sentó en la cama.
- No pareces tener ganas de verme – dijo.
- Pero, si hemos estado juntos toda la mañana y… no sé si deberíamos seguir con esto.
- ¿Por qué no, estás casado o tienes novia?
- No, ninguna de las dos cosas.
- ¿Entonces, de qué tienes miedo? Acaso no eres mayor de edad.
- No es eso…
- Ya… ¿Es que soy muy mayor para ti?
- No.
- Pues no lo entiendo chico, sé que no estarás aquí eternamente y si estos días podemos pasarlo bien, ¿qué mal hay en ello? No te creas que me acuesto con todos mis huéspedes, es la primera vez que esto me ocurre. Porque contigo he tenido una atracción casi felina desde el primer momento en que te vi.
Ya lo había notado la noche anterior. La miraba, estaba para comérsela, muy bien maquillada, la manicura perfecta, vestida con una falda estampada de florecillas multicolores y una blusa blanca inmaculada. Estaba todo lo femenina que podría estar una mujer que se siente deseada. Una sonrisa se dibujó en mi rostro y pensé: ¿por qué no unir lo útil con lo agradable y dejarme llevar por tan bella mujer? No era precisamente lo que nos enseñaban en la agencia, pero después de todo me debían unos días de asueto y pensaba desquitarme. ¿Qué mejor sitio para ello? Me acerqué y le tendí la mano, ella la tomó. Tiré para ponerla en pie, se levantó, la atraje hacia mí y la besé. Fue un beso largo y apasionado. Hubo tanta pasión en él que me pareció que Suzanne se hubiera caído al suelo si no hubiera estado rodeándola con mis brazos. La ola del amor y el deseo nos volvió a tomar en su seno y nos dejamos llevar por ella. La noche fue una repetición de la anterior, salvo que habíamos cambiado el decorado.
Al despertarme descubrí que como el día anterior Suzanne no estaba. No sólo no estaba en mi cama, sino que no estaba en la habitación. No se lo tomé en cuenta y me levanté de la cama. Miré por la ventana, me pareció que el cielo estaba más azul y que el sol brillaba con más fuerza que el día anterior. Me fui tarareando a la ducha.
Había decidido inspeccionar la zona norte. Empezaría por Bidart, a continuación Arcangues. Después si daba tiempo llegaría hasta Ustaritz. Para mañana explorar Saint Pierre d’Irube y Anglet. Por experiencia sabía que de nada servía correr, era preferible recorrer los pueblos con tranquilidad y hablar con sus gentes.
El día pasó rápidamente, aunque pude visitar todos los pueblos que me había marcado y en los cuales no encontré la más mínima pista para localizar a mi objetivo. Ya había descartado ir a curiosear por casa de Iñaki, era tarde y tras lo de la noche anterior no estaba muy católico. No vi a Suzanne, así que me acosté pronto.
Llevaba un buen rato en la cama y estaba medio somnoliento, cuando oí una llave introducirse en la cerradura de mi puerta. Me levanté y me aposté tras ella, preparado para golpear. La puerta se abrió, una sombra entró y justo cuando iba a sacudirle adiviné un cuerpo de mujer a trasluz. Encendí las luces. Era Suzanne, se sobresaltó al descubrirme.
- ¿Qué haces aquí? – le pregunté.
- He venido para estar contigo.
- No me gusta que entres así, me has asustado.
- Un chico tan grande como tú, asustarse de mí, una pequeña mujer – dijo burlándose, se acercó. – Castígame – me dijo, – he sido muy mala.
La cogí en mis brazos levantándola del suelo y la deposité en la cama. Por tercera noche consecutiva hicimos el amor con desenfreno.
A la mañana siguiente volví a lo mío. Continuación del plan de inspecciones de la región. Al final del día había cosechado lo mismo que hasta ahora, es decir nada. Estaba cansado de dar vueltas a lo tonto por la comarca, así que decidí dedicarme en exclusiva a mi amigo Iñaki. Era el único que podría llevarme a alguna pista fiable, porque eso de buscar yo solo por los pueblos había demostrado ser una muy mala idea, una idea que no llevaba a ningún sitio.
El día siguiente caía en viernes, me levanté temprano, tan temprano que por primera vez Suzanne aún estaba tumbada a mi lado. La miré dormir unos minutos, después, me levanté sin hacer ruido, me aseé, me vestí y me fui, dejándola dormida en la cama. Recuperé la moto del garaje y me puse en marcha. Dirección Saint Jean de Luz.
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